Un día normal en mi vida comienza a eso de las 6.30 a.m. Me encantaría decir que es mi súper celular el que me despierta con un tema re copado pero la verdad es que no es así. No es que no tenga celular, es que simplemente lo golpee tantas veces desde que me lo regalaron que es un milagro que todavía mande mensajes.
Una vez que me desperté, la rutina es casi siempre la misma: voy al baño, me la lavo la cara y después me dirijo a la cocina para prepararme un café. Doy gracias que tengo un microondas que me permite calentar la leche mas rápido porque sino llegaría tarde todas las mañanas.
Antes de irme de casa prendo la computadora y leo el diario….mentira! Me sentiría re orgullosa de decir que a esa hora prendo la computadora para leer el diario y llegar informada a clase, pero a quién quiero engañar? Lo cierto es que la prendo porque siempre me olvido de imprimir algo y lo tengo que hacer a ultimo momento…el día que mi impresora decida revelarse y no imprima voy a estar en problemas.
Una vez que ya estoy vestida y con las cosas de la facu listas, emprendo mi camino. Usualmente camino para llegar, pero con las lluvias que están cayendo sobre La Plata tengo que buscar transportes alternativos, a parte de mis piernas que muy bien funcionan, es así como tomo el colectivo. Por dios que manera de luchar con la tarjeta de interlineas. Nunca tengo monedas, por lo cual la tarjeta me soluciona el problema de andar buscando cambio, pero más allá de eso odio usarla. La verdad es que me cuesta mucho mantener el equilibrio en el colectivo y tengo la mala suerte de que cada vez que subo, soy la última y el colectivero arranca. Entonces tras que me cuesta mantenerme en pie tengo que lograr insertar la tarjeta en la ranura de la máquina. Se que suena como algo súper simple pero estoy probablemente uno o dos minutos atinándole a la ranura para ver si logro poner la tarjeta.
Bueno una vez en la facultad mi relación con las nuevas tecnologías no es mucha. Más allá de usar uno o dos veces el ascensor (de los mas modernos, nada que ver con el del edificio en el que vivo, donde rezo cada vez que me subo para que no se caiga conmigo adentro), mi uso tecnológico se limita al celular, la notebook y el mp3/mp4 entre clases para no aburrirme.
Cuando vuelvo a casa, ocasionalmente de tarde, me limito a utilizar la computadora, tanto para hacer cosas de la facu como para ingresar a Facebook y Twitter y, en este caso sin mentir, para ojear algún diario y tratar de mirar algún que otro noticiero online.
Para cuando me quiero acordar el día se acaba y es hora de cenar. Para cocinar suelo turnarme con mi hermana, si yo cocino ella lava y viceversa. En lo que respecta a la cocina y la tecnología, mi actividad se reduce al microondas (como ya mencione) y la minipimer. En casos muy específicos como algún cumpleaños utilizo la batidora o la procesadora. A la hora de lavar los platos uso por supuesto el lava-platos….no!, estoy mintiendo otra vez. La tecnología para lavar, se reduce a esponja y detergente, un par de guantes (cuando me acuerdo de ponérmelo) y nada más.
Luego me baño, me seco el pelo y me acuesto. Si después de secarme el pelo, veo que el pelo me quedo, como explicarlo…..como la melena de un león, procedo a conectar la planchita y tratar de alaciarlo un poco. Y entonces sí, estoy lista para activar mi súper despertador y acostarme.
Debo reconocer que no soy la persona que mayor contacto tiene con las tecnologías. Para ser honesta, me cuesta mucho aprender a manejarlas, aunque una vez que lo logro ya queda incorporado en mi. También tengo que admitir que este trabajo me hizo pensar un poco más en profundidad que tan distinta sería mi rutina si viviese en otra época y realmente no pude evitar pensar que, si bien este trabajo era sobre nuevas tecnologías, hay un montón de herramientas tecnológicas, un poco mas antiguas, que no tuve en cuenta, como pueden ser los veladores, el horno o simplemente el baño (agradezco haber nacido en una época en la que existe el baño y no debemos usar letrinas). Me divirtió mucho pensar en mi día relacionado con la tecnología y acordarme de todos los problemas que estas me provocan cuando, por ejemplo, me olvido la contraseña de la compu, o no puedo poner la tarjeta del colectivo. Invito al que lea esto que se ponga a pensar en su rutina y trate de llevarla unos cuantos cientos de años más atrás, se van a alegrar de vivir en el 2011 y enfrentar “el fin del mundo” y no vivir en el 1500 y estar despreocupados por el mundo pero preocupados por calentar en un olla el agua para bañarse (porque el calefón es un invento moderno jajaja)
MARIANA MIRENDA
MARIANA MIRENDA





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